Si, realmente así es: este año se conmemora el centenario del sindicato CNT, buque insignia del anarquismo español, bueno,... más bien del anarco-sindicalismo español, el anarquismo lo es todo en nuestra Patria, lo puebla todo y todo lo corroe.
Y como todo lo que suene a heterodoxia, está siendo acallado por los medios de comunicación afines al sistema (o sea, todos) y es que todo lo que suena a anarco tiene poco que ver con el sistema imperante, como todo lo que suene a revolución venga de donde venga. Pero de todas formas, con esta CNT, la de ahora, no tendría problemas ni los tendrá desgraciadamente, y es que lo que fue la CNT, lo que supuso el anarco-sindicalismo español se fue diluyendo con el paso del tiempo, y fue uno de los grandes derrotados de la guerra civil española.
Si, el gran movimiento "anarquista" de principios del siglo XX, acabó cayendo, como muchos otros, por la fuerza y las armas del comunismo bolchevique estaliniano, y posteriormente fagocitado por una izquierda necesaria de militancia que, ni de lejos, seguiría las consignas de Bakunin, y que lo ha acabado convirtiendo en refugio de indeseables ignorantes que no sabrán jamás lo que significó la CNT, y que lo ha acabado convirtiendo en guardia de la porra del actual sistema capitalista: ¡que triste paradoja!
Si no: ¿cómo puede ser que la CNT se alíe en más de una ocasión, por no decir en todas, con los sindicatos comunistas? Anarquismo y comunismo juntos ¿cómo puede ser eso? Juntos la más antiestatalista de las ideologías y la más estatalista de las ideologías,... eso sólo puede darse en España. Recuerdo a Fernando Arrabal cuando lo oí decir, hace ya algún tiempo, que él votaba, como anarquista que era, a la derecha pues la derecha es lo menos estatalista que hay.
Tiene mucho de que hablar el tema del anarco-sindicalismo en España, y aún más el anarquismo en España, así que cuando se me ocurra algo más, lo escribiré. Por ahora, sólo terminar recordando la coincidencia terrible de los asesinatos de Buenaventura Durruti y de José Antonio Primo de Rivera, máximo líder cenetista uno, y máximo líder falangista el otro, pasados por las armas prácticamente en el mismo momento, y suponiendo ambas muertes un gran triunfo para la izquierda y para la derecha.
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