Me han venido a la cabeza ahora unas conversaciones que habitualmente tenía con un amigo, hace ya bastante tiempo, demasiado tiempo, conversaciones desarrolladas entre algunos tragos de la amarga bebida de aparente origen mesopotámico.
Los dos estábamos situados en los extremos del espectro ideológico, lo cual hacía las discusiones tanto más interesantes y entretenidas. Al final, casi siempre sacábamos una conclusión:
"Si llega el momento, tu tendrás que defenderme de los míos, y yo tendré que defenderte de los tuyos".
Triste patria, en la que no sabes quienes son los tuyos.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados